Padecimientos

Disminución del apetito sexual

El deseo sexual es una parte muy importante dentro de una relación de pareja, y la pérdida de éste es cada vez más común en nuestros tiempos, sobre todo en los jóvenes.


La inapetencia sexual puede ser vista desde perspectivas tales como la médica que habla de la incidencia de algunas enfermedades o del consumo de ciertos fármacos, o aquella que se refiere al área emocional, a la “falta de amor”, a la poca comunicación y a otros problemas relacionados a cómo se enfrentan hombres y mujeres en sus relaciones de pareja.
A todo lo anterior, se suma una nueva problemática: el deseo sexual hipoactivo (DSH), disfunción que se presenta durante la fase I, es decir, la que se inicia “previamente al contacto sexual propiamente tal, ante algún estímulo adecuado” y que pondría “en marcha la respuesta sexual”.


El apetito sexual no solamente es diferente de una persona a otra, sino que puede cambiar a lo largo del tiempo en una misma persona en función de la edad, del estado psicológico y físico, del nivel de atracción por la pareja, de la etapa de la vida en la que se encuentra entre muchos otras causas.

Sin duda, uno de los temas más atrayentes de esta disfunción es el aumento que ha tenido en el tiempo en la población joven. Tanto es así, que son muchos quienes califican al deseo sexual hipoactivo como “la inminente epidemia sexual del siglo XXI”. De hecho, ésta alteración en el hombre, se divide en tres subtipos, siendo uno de ellos – el llamado secundario o adquirido/parcial o situacional/selectivo – el que ha ido en claro y llamativo aumento principalmente en varones jóvenes que bordean los 30 años.

Las causas de la disminución del deseo sexual en hombres van desde las biológicas (bajos niveles de testosterona, disfunciones en la erección o eyaculación precoz) hasta las personales y las asociadas a la relación de pareja (depresión, cesantía, deficiente imagen corporal, entre otros).

Desde el punto de vista médico además puede haber la ingesta de fármacos, enfermedades, insomnio u otros trastornos del sueño. Desde el punto de vista psicológico, ésta pérdida de la líbido puede deberse a experiencias insatisfactorias, fracasos laborales, económicos o amorosos,  baja autoestima, alto nivel de ansiedad, miedo a enamorarse, la rutina y falta de comunicación, etcétera.

El tratamiento de esta disfunción dependerá de la causa subyacente que puede ser inclusive mixta (enfermedad con influencia psicológica), y puede ser desde reemplazo hormonal, y generalmente siempre con un trabajo multidisciplinario con el área de la psicología, para una mejor respuesta. La posibilidad de recuperación es totalmente posible, aunque el trabajo es arduo, complejo y de largo aliento, sobre todo en los pacientes “treintañeros”, quienes al no presentar casi nunca algún problema de tipo biológico, se hace más complicado tratarlos.